Amigos, es un placer saludarles una vez más. El editor de OYE Magazine me pidió seguir con la columna Desde mi Escritorio. Quiero darle las gracias a él y su equipo por dejarme hacer lo que me apasiona: informar de manera responsable.

 

2012 fue un año lleno de noticias y cambios migratorios. Algunos sorprendentes y muy frustrantes; otros, con un sinnúmero de modificaciones que afectaron significativamente a nuestra comunidad y a la población emigrante en Canadá, en general.
Los cambios son tan drásticos y severos que para algunos de nosotros se vieron traducidos en la pérdida de cosas materiales y estabilidad emocional, incluyendo el poder seguir viviendo en Canadá en donde muchos ya estaban realmente asentados. Esa es la realidad y lamentarnos ¡no nos ayudará! Como hubiera dicho mi padre, un hombre sagaz y positivo: “Para qué llorar sobre lo mojao”. La nueva Ley de Inmigración está escrita y hay que cumplirla.
Nuestro deber ahora que inicia este año es informarnos y transmitir sólo aquella información de la cual estamos seguros. Debemos olvidarnos de esa vieja práctica cultural de contar “lo que mi amigo dice” o “lo que dice todo el mundo”. Dejemos de ser esa persona que pretende saberlo todo y siempre aparenta tener la razón. Ahora más que nunca es vital consultar fuentes de información fidedignas y que estén al día con los nuevos cambios.

Por ejemplo, en el nuevo sistema de refugio todo ha cambiado incluyendo los tiempos para presentar la petición y el tratamiento de la misma, imponiendo una mayor responsabilidad al peticionario en un corto plazo. Esta situación es bastante delicada, ya que estas personas llegan ignorantes al territorio canadiense y pueden caer en manos de avivatos o irresponsables que pueden dañar su proceso significativamente y garantizar una deportación a aquél que viene en busca de protección.
En mi opinión, el nuevo sistema implica un 90% de responsabilidad en el peticionario; en la adecuada y detallada entrega de su narrativa, en la que compruebe las bases jurídicas de lo que establece la Convención de Ginebra. Y me pregunto, ¿cómo aquella persona que viene huyendo, asustada y quiás temerosa de las autoridades, “un ciudadano de a pie”, como lo llamarían los cubanos, tendrá todo el conocimiento legal para evitar ser sujeto de abusos o al menos garantizar su seguridad? ¡Qué absurdo!, ¿no les parece?
Nuestra misión como comunidad es apoyar a aquellos que se encuentran en esta situación y tratarlos de direccionar a la fuente y representantes legales registrados y con suficiente trayectoria capaces de darles una asesoría correcta.