Convicción como profesional de migración.

Por Angelica González Blanco

¿Por qué debemos entender que las personas que trabajamos en la industria de la representación legal debemos tener la vocación de servicio y el compromiso único de mantenernos al día con la ley? ¿Qué quiere decir eso?: quiere decir que debo estudiar, debo capacitarme. La ley tiene la ventaja de regular la sociedad y al momento hacerlo, significa que la ley, por el mismo hecho de regular a los seres en sociedad, tiene que cambiar de acuerdo con el cambio de la sociedad. Debemos entender que vivimos en un país, Canadá, para ser claros si me estás leyendo de algún otro lugar, que está regido por el derecho común, y cuando hablamos del derecho común la gente puede pensar, bueno ¿cuál es la diferencia entre derecho civil y derecho común? La diferencia realmente está en cómo nacieron los sistemas.

El derecho común tiene su origen en la historia monárquica. ¿Por qué y cómo se daba el manejo de la justicia? Este manejo de la justicia estaba dado por los preceptos y las regulaciones hechas por el rey en el poder, pero el rey tenía un cierto radio jurisdiccional, lo que quiere decir que sólo abarcaba un territorio en específico y cuando su reinado era muy extenso tenía que viajar y desplazarse de un lugar a otro para atender las cosas de su reino. De tal forma que cuando, por ejemplo, en el imperio británico, que fue el creador del derecho común, el rey escribía sus decisiones, esas decisiones se tomaban como precedente en las otras partes del reinado para que los representantes del rey, con base en la decisión tomada y en los hechos, pudieran a su vez tomar decisiones en consecuencia. Estos preceptos se llaman jurisprudencia y estas jurisprudencias se convirtieron en la regulación de la sociedad, que fue así fue evolucionando hasta el día de hoy, hasta llegar a lo que llamamos los precedentes judiciales, donde las Cortes pueden tomar una decisión que sirve de precedente para regular la sociedad. ¿Qué implica esto?, pues que la dialéctica, o el manejo o desarrollo, no sé cómo llamarle para que sea claro, de la aplicación de una ley en la sociedad va de acuerdo con la evolución de la sociedad.

Por lo tanto, si una persona decide que, porque tenga la vocación, debe, en primero lugar, tener ese deseo infinito de servir a otro, de mirar el bien para una tercera persona y en segundo lugar, debe tener el compromiso consigo mismo de educarse y para esa educación no se requiere tener un título universitario únicamente, sino que va más allá. Así como la dialéctica de la ley cambia de acuerdo con la sociedad, tú como prestador de servicios en la industria legal, tienes que saber que estás obligado a estudiar y a evolucionar junto con la ley; de otra forma vas a estar derogado, es decir, no vas a actuar de acuerdo con los cambios que tiene la ley y, lo peor, vas a causarle un daño a un tercero.

Esos son para mí los precedentes más importantes que debe tener una persona que decida trabajar como representante legal, que decida educarse o trabajar en un caso. Sí, esta es una profesión que implica horas infinitas de trabajo y como tal es una profesión onerosa. Sin embargo, todo lo relacionado con la representación legal y el manejo de la justicia en nombre de otra persona implica un sacrificio y un deseo de querer servir a los demás. Un deseo que tiene que ir más allá de tus propios intereses. Tienes que entender que a partir del momento en el que tienes en las manos el destino legal de una persona, de una familia, estás siendo responsable frente a ti mismo y a Dios, si crees en Dios, y a la sociedad por el destino de esa familia. Estás sembrando el fruto de tu honestidad en esa familia y en el destino de esa familia y en los menores que forman parte de esa familia.

Por lo tanto, el mensaje de atención sobre responsabilidad y mi llamado en este año, al que hemos decidido llamarle el año de la luz, es ser implacable en este sentido. He tenido la oportunidad, no sé si llamarle oportunidad o el llamado de aquella luz infinita, de presentarme casos de personas que llegan a mí porque de una u otra forma han sido víctimas de alguien que considera que el proceso migratorio es un negocio. El proceso migratorio es realmente una profesión de la que todos vivimos y la profesión como tal es tu modo de vida: por lo que debes cobrar, yo no estoy en desacuerdo con ello. Con lo que estoy en desacuerdo es con el hecho de que si no sabes lo que estamos haciendo debes entregar la licencia, si estás prestándote a confabularte con otras personas y vender una idea de la visión de emigrar a Canadá que no es real y que si eres portador de una licencia tienes el mínimo conocimiento para saber que, por ejemplo, en algunos casos, a través de la compra de una vivienda en Canadá no vas a obtener una residencia permanente o el hecho de que no a todas las personas que aplican a un asilo político se les garantiza el hecho de que esa persona vaya a ganar. Hay cosas que tienes que tener en cuenta, no solamente porque esa sea la única especialidad en la que tú tienes esa pericia o expertise, como se diría en inglés, que es precisamente la que tienes que llevar a tu cliente.

Creo que algún día escribiré otro libro con esas anécdotas y y con las enseñanzas que mis clientes me han brindado. A veces no debería ni siquiera hablar de anécdotas, sino que debería hablar de los pesares y las estafas y dificultades que mis clientes han vivido a raíz de aquellas personas que deciden jugar con el bienestar y el destino del sueño de una familia. De hecho, mi libro se llama “No pierdas tu libertad por emigrar a Canadá” y es precisamente para eso, para concientizar a aquel que todavía no lo está de cómo lo debe hacer y espero en mi segundo libro, que se está cocinando en el horno, hablar un poco más de la experiencia del ser humano en el proceso de cambio cuando decide emigrar. En ese libro quiero pedir los testimonios de esos clientes que han durado 20 años escuchando y pagándole a personas que no tienen idea de lo que están haciendo y de pronto documentarlos, ¿por qué no? Así que si te encuentras tú con alguien que hace lo que no debe hacer, yo te invito a que lo denuncies, a que hables. En este momento la vida nos brinda todos los mecanismos para hacer las cosas bien. Así como hay gente que escribe a lo mal y entonces porque no les gusta que le digan las cosas en la cara te pueden decir que diste un mal consejo o simplemente juegan sucio y te hacen la guerra virtual. A eso tenemos que enfrentarnos porque es la realidad cuando trabajas con la frente en alto, pero hoy quiero dejarte en este escrito y en esta columna una reflexión: si el proceso migratorio es mi proceso, es mi destino, yo tengo que tomar el control de él y yo tengo que ser proactivo e investigar y no quedarme con lo que un tercero me dice; así que, si tú hoy fuiste víctima o has sido víctima de un mal consejo, toma la batuta de tu caso y comienza de nuevo.

Yo soy Angelica Gonzalez Blanco y hoy me despido con la firmeza de que he dejado algo sembrado en ti, tú mi lector, el que me sigues, que estás ahí afuera. Por ti es por quien yo trabajo. Les deseo lo mejor hasta nuestra próxima columna. No dejes de seguirnos en nuestras redes sociales y visita mi página web  www.angelicagonzalezblanco.com

Por ANGELICA GONZALEZ BLANCO de LA PORTADA CANADA